Pensaba que era un inútil... hasta que me dieron libertad

Hola máquina,

Durante casi toda mi etapa en el colegio pensaba que era un inútil.
No me concentraba, no me interesaba nada, me parecía todo una farsa.
Y … directamente pasaba de todo.

Pero no porque no valiera.
Sino porque no soportaba el sistema.

Odiaba tener que pedir permiso para ir al baño.
Odiaba tener que memorizar cosas absurdas para soltar vomitadas en un examen.
Odiaba que premiaran al que obedece, no al que piensa.

Así que me rebelé.
No con violencia, pero sí con sarcasmo, con resistencia, con indiferencia.
Y eso, durante años, me hizo creer que yo era el problema.
Que no tenía constancia.
Que no valía para estudiar.
Que nunca llegaría a nada.

Hasta que llegó la universidad.
Y con ella, la libertad.

Pude elegir horarios, ritmo, cuándo estudiar, cómo organizarme.
Y de repente: aprobar no era difícil. Era lógico. Era mío.

Ahí me explotó la cabeza.

“¿Entonces no soy tonto? ¿Solo necesitaba aire?”

Exacto.
Necesitaba espacio. Control. Dirección propia.

Y desde entonces aprendí algo clave:
No confundas desmotivación con incapacidad.
No confundas rebelión con mediocridad.
A veces lo que falta no es esfuerzo.
Es propósito.

Un abrazo,
Albert Puig Segura
Invierte con Albert